- Reserva Natural que comprende el Cerro Negro, Las Pilas, El Hoyo y Asososca
El Volcán Cerro Negro, el más joven de Centroamérica, nació al ras de la llanura en el departamento de León la madrugada del 13 de abril de 1850. Su origen fue repentino, provocado por una fisura en la tierra que emitió fuertes retumbos y flujos de lava, formando un cono de color negro.
Comenzó con una serie de estruendos similares a truenos que alertaron a los habitantes de la ciudad de León. Una fisura eruptiva dio paso a un derrame de lava hacia el oeste y comenzó a arrojar grandes cantidades de ceniza y arena. Con la acumulación del material piroclástico expulsado, rápidamente se levantó el cono de arena negra que le da su nombre.
Desde su primer día de vida, el volcán Cerro Negro se convirtió en uno de los volcanes más activos de la región, destacado por 27 erupciones que han alterado su cono y su entorno; una de ellas –en 1947- fue la que propició la Gritería chiquita de León. Está ubicado a 25 kilómetros al este de la ciudad y a unos 100 kilómetros de Managua. Donde se ubica era un valle, pero después de tantos episodios eruptivos, el volcán tiene la altura de 726 metros.
Es una reserva natural, cuyo nombre completo es Reserva Natural Complejo Volcánico Cerro Negro, Las Pilas, El Hoyo y Asososca, que son parte de la cordillera Los Maribios, y es administrada por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (Marena) desde noviembre de 2023.

Bosco Centeno es el responsable por el Marena de administrar el complejo volcánico, conformado por cuatro áreas de conservación en el occidente de Nicaragua y el Cerro Negro es la de mayor importancia, por lo que el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional trabaja directamente en esta área con las comunidades y otras instituciones.
Según Centeno, es el destino turístico número uno del país y lo visitan más de 55 mil turistas al año de cien nacionalidades. “Hay un plan de trabajo que venimos desarrollando desde noviembre del 2023. Diferentes estrategias de nuestro buen gobierno establecieron lo que era una ruta de trabajo en la educación ambiental y en lo que son estrategias de turismo sostenible, pero de educación ambiental, integrada en aprender a desaprender”, dijo, para explicar que había actividades que realizaban los comunitarios que no eran adecuadas para el medio ambiente.
Las quemas, extraer material forestal y cazar eran las actividades no adecuadas para el medio ambiente en el occidente del país, una región propensa a incendios forestales y agroforestales por la alta sensación térmica, por lo que las comunidades estaban acostumbradas a las quemas. Ahora, el Marena visita las casas de los productores para explicarles las formas adecuadas del trabajo de la basura y de las quemas.
Cuatro estructuras geológicas

El complejo volcánico tiene una extensión de 20,584 hectáreas, un poco más de 200 kilómetros cuadrados, conformado por cuatro estructuras geológicas que son: el volcán Cerro Negro (el más conocido, el de mayor relevancia y el más activo); el volcán Las Pilas, de 1,089 metros y no registra erupciones históricas; el cráter activo El Hoyo, el cual cuenta con una llamativa abertura lateral y una altura de 1,088 metros. En su cumbre posee tres cráteres profundos de paredes verticales con diámetros entre 80 y 400 metros.
La cuarta estructura es el volcán Asososca de León o volcán Ajusco. Destaca por su imponente estructura de cono volcánico y por albergar en su cráter una profunda laguna de aguas cristalinas. Es una joya natural virgen, frecuentada por el ecoturismo y el senderismo. Se eleva aproximadamente 620 metros sobre el terreno circundante. Posee una base circular de 2,4 km de diámetro y escaleras con una inclinación de 22 grados.
En el interior de su cráter colapsado se aloja una laguna de origen volcánico, famosa por sus aguas limpias, su tranquilidad y su color característico. Es el menos transitado, sus senderos conservan una vegetación rica y virgen. Durante su ascenso, ofrece vistas espectaculares de otros colosos como los volcanes El Hoyo y el Momotombo.
Es decir, hay cuatro estructuras. ¿Cuáles son las activas? “El activo como tal, el sobresaliente, es el Cerro Negro, con 27 episodios eruptivos y en cualquier momento puede presentar alguna actividad. Nosotros estamos en constante monitoreo, en acompañamiento con el Sinapred y el Ineter. Y también tenemos el volcán El Hoyo, que presenta cierta actividad hidrotermal. Fumarolas activas en su estructura, un indicio de que aún no ha muerto”, detalló el responsable del complejo.
Aseguró que también vigilan la laguna El Tigre o Asososca de León, pues es una laguna cratérica que no ha sido volcán, como lo fueron las lagunas de Apoyo, Asososca de Managua, y Tiscapa. Estas tres lagunas fueron volcanes que explotaron en su momento y que crearon un gran hueco, un gran cráter, que posteriormente se llenó de agua.
El caso de la laguna El Tigre sucedió de forma diferente. “Tenemos un complejo volcánico con un reservorio de magma cercano a ello, hay agua, el lago Xolotlán no está tan lejos de nosotros, cuando hay agua subterránea en contacto con cámaras magmáticas, crea una reacción. A esa reacción se genera una explosión y forma un cráter. No es un volcán, sino una combinación entre magma y agua que crea un mar y después se llena de agua. Entonces tenemos mil metros de diámetro con una profundidad promedio entre 30 y 35 metros”, detalló Centeno.

Bosque seco con gran diversidad
El complejo volcánico alberga un bosque seco y es el más grande de todo el occidente de Nicaragua, donde se le suma condiciones geológicas como la estructura volcánica, condiciones propicias para albergar especies como el ocelote, tigrillos, coyotes, venados, entre otras.
De acuerdo a Centeno, también se pueden encontrar mapaches y pisotes (mamífero omnívoro y diurno emparentado con el mapache) cercanos a la laguna El Tigre, una gran variedad de murciélagos polinizadores y reforestadores de la biodiversidad. Además, hay murciélagos vampiros, que forman parte esencial de lo que es el equilibrio biológico, como controladores de plagas.
No obstante, el funcionario admitió que aún no tienen contabilizado la cantidad de especies que habitan en la reserva, pero están ideando un plan de monitoreo con cámaras trampa y sistema de posicionamiento global (GPS), para establecer un mapa de zonificación donde estén ubicadas las diferentes especies y hacer un conteo poblacional.
Por ejemplo, dentro de las propuestas de conteo poblacional están los venados, los coyotes y los ocelotes. “De hecho estamos proyectando la revisión de los ocelotes en el primer trimestre del 2027, porque ahorita estamos en un plan que va a ser entregado en el segundo semestre de este año, lo que es un plan de un conteo de área de conservación de aves a través de un manual”, anunció Centeno.

En el segundo semestre del presente año, la institución presentará un manual digital y en físico de las cantidades de especies, nombres comunes, nombres científicos, ubicación en la reserva y una galería de fotos para que sea accesible a los visitantes.
Simultáneamente, el Marena trabaja directamente con 12 comunidades que están alrededor del área de conservación, un poco más de 4 mil a 5 mil personas, de los municipios de La Paz Centro y Larreynaga. El complejo volcánico tiene guías ambientales bilingües y guarda-parques de conservación que hacen recorridos en el día y la noche alrededor de los volcanes, en diferentes senderos, evaluando cualquier incidencia ambiental.
“Ellos son nuestros embajadores de la naturaleza, de conservación, visitan a los productores, tienen contacto directo con los comunitarios, colegios, profesores, los niños que visitan la reserva, cumplen la función de compartir al turista el enfoque ambiental porque acá las personas que nos visitan se van con el conocimiento de que tenemos una reserva natural. Esa es la prioridad, el turismo es algo que se une a esto para preservar el área de conservación, pero primero que todo el Cerro Negro es una reserva natural”, destacó Centeno.
Proyectos futuros
La reserva natural cuenta con una diversidad de especies sobresalientes del bosque seco; por ejemplo, el cedro real, guanacaste negro, caoba, sardinillo, Sacuanjoche, Cortez y marango.
El Marena trabaja en un manual de aves que estará listo en el segundo semestre del 2026, y la actualización de otro manual de zonificación de entornos naturales. También se trabaja en un mapa satelital de cantidades poblacionales de especies representativas. En tres años de tener presencia, la institución cuenta con su propio plan de respuesta ante tormentas eléctricas y su propio protocolo con monitoreo satelital.
“La dinámica atmosférica que hay en el occidente es muy diferente a la que tenemos en otros lugares. El hecho que tengamos un volcán con 726 metros de altura donde todo es arena y todo es hierro y metal, nos crea un punto rojo por impactos de rayos y se formen estructuras meteorológicas o fenómenos climáticos anómalos como tormentas eléctricas”, puntualizó Centeno.