- Uno de los destinos naturales más emblemáticos de Nicaragua
Miguel Flores
En 1979, los 54 kilómetros cuadrados que conforman el complejo del volcán Masaya fueron elevados a la categoría especial de Parque Nacional, pasando a formar parte del Sistema Nacional de Áreas de Conservación Ambiental y convirtiéndose en una de las 76 áreas de conservación y una de las nueve categorías de manejo a nivel nacional que administra el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena).
Cada año, el Marena viene fortaleciendo la gestión ambiental del Parque Nacional y cuidando el patrimonio natural del pueblo nicaragüense. La importancia ecológica del parque radica en su biodiversidad con su flujo de lava por el cráter Santiago (actualmente activo), su bosque seco y su laguna cratérica, la cual -según las autoridades ambientales- hace del complejo volcánico un laboratorio natural que todos los visitantes pueden disfrutar.
El Parque Nacional Volcán Masaya y toda su biodiversidad se ubican a 23 kilómetros de Managua, y a cinco kilómetros de la ciudad de Masaya, colindante con los municipios de Nindirí, Nandasmo, Masatepe, Ticuantepe y San Juan de la Concepción.
Carlos Balladares, administrador del Parque Nacional Volcán Masaya, resaltó que la biodiversidad del parque está bien definida por el bosque seco con un ecosistema marcado por la Laguna de Masaya, un cuerpo de agua de origen volcánico caracterizado por tener aproximadamente 9 kilómetros de largo, un ancho variable de entre 2 y 4 kilómetros, y una profundidad aproximada de 26 metros.
Aquí, se han podido registrar 160 especies de aves, entre aves migratorias y residentes; 63 especies de mamíferos, 34 variedades de reptiles, 8 anfibios, 13 especies de peces y 309 especies de flora.
Vigilancia y protección día y noche
El Marena, con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación, trabaja con su equipo de guardas de conservación ambiental, sus guías ambientales bilingües, en función de realizar acciones de vigilancia, protección y monitoreo de la biodiversidad día y noche. “Estamos sensibilizando a los visitantes, haciendo conciencia de amor y respeto a nuestros patrimonios naturales, a nuestras riquezas que están en nuestra área de conservación ambiental”, afirmó Balladares.
Para cumplir ese objetivo, cuentan con un equipo de 26 compañeros haciendo recorridos de vigilancia en puestos de control, atendiendo a las familias con talleres, charlas, senderismos, festivales ambientales, conversando con las comunidades aledañas y sosteniendo encuentros con una red de 36 observadores ambientales alrededor de toda esta hermosa caldera que contribuyen a la protección de los recursos naturales.
Fortaleciendo capacidades
Al explicar las acciones y medidas de conservación de todo el parque que están tomando, Balladares refirió que este 2026 inauguraron una estación biológica y un centro de capacitaciones, en la cual ya han realizado tres instrucciones que fortalecen las capacidades de los técnicos y especialistas del área de monitoreo y la investigación científica.
La estación biológica está destinada al desarrollo de investigaciones científicas y capacitación de estudiantes de carreras ambientales. Los estudiantes tienen la oportunidad de estudiar las más de 300 especies de plantas que posee el complejo volcánico y las 14 especies de peces de la laguna, como el guapote lagunero.
Por otro lado, este año proyectan finalizar un estudio de orquídeas en el bosque seco, y diseñar un catálogo de flores y la variedad de fauna que alberga el parque, con el propósito de compartir el conocimiento con el público en general y contribuir a enriquecer el amor y respeto a los recursos naturales de Nicaragua.
Ese fortalecimiento de capacidades y conocimientos les permite a los guardas de conservación ambiental estar mejor preparados para atender a todos los visitantes, que sólo en los tres primeros meses de este año se han atendido a 49 mil. “Un buen año de visitas fue en 2023, atendimos 240 mil personas gracias a que en ese año aún teníamos el lago de lava”, recordó, para agregar que en el 2024 se disminuyó por una actividad geológica y parte de la dinámica del cráter Santiago.
Otra medida que el Marena está impulsando es la estrategia “Verde que te quiero verde”, con la producción de 12 millones de plantas a nivel nacional. El Parque Nacional Volcán Masaya va a contribuir con su vivero “Arlen Siu” con 50 mil plantas forestales, las cuales están en una fase de producción para ser donadas a productores del departamento de Masaya.
Entre las variedades que se producen en el parque destacan el madero negro, sardinillo, brasil blanco, pochote y cedro. En total son 12 especies de árboles que se van a entregar gratis, para la restauración ecológica de los sitios degradados por el cambio de suelo.
Museo, corazón informativo del Parque Nacional

El Parque Nacional Volcán Masaya también cuenta con un museo que, al decir del guía ambiental bilingüe Carlos Reyes, es el corazón de la información de todo el complejo volcánico. En el lugar se les explica a los visitantes los atractivos naturales y se entra en contacto con un volcán activo.
Los paisajes han sido diseñados a lo largo de varias erupciones, la última registrada fue en 1772, lo que generó esos relieves de piedra volcánica que se aprecian desde la carretera, en la zona conocida como Piedra Quemada, con relieves que hacen del parque un sitio único en el país.
El Parque Nacional es parte de la cordillera volcánica del Pacífico de Nicaragua, está conformada por cinco cráteres: el Santiago (el único activo), los cráteres San Fernando y San Juan inactivos con vegetación variada alrededor; y los otros dos cráteres, San Pedro y Nindirí, que actualmente es una plazoleta cubierta de arena, rocas y cenizas.
Según Reyes, el cráter activo Santiago impone condiciones a todo el ambiente natural, emite gases que se transforman en lluvia ácida en invierno y convierte los suelos en alcalinos y ácidos, por lo que las plantas se adaptan y evolucionan.
Los ecosistemas del volcán son muy variados. Por ejemplo, la Laguna de Masaya ha sido diseñado principalmente por las erupciones volcánicas. Muchas especies llegan para beber agua, pues en todo el complejo existe una gran diversidad de fauna: mono cara blanca, oso hormiguero, guardatinajas, venados, ardillas, 12 especies de murciélagos, zorros cola pelada, armadillos, garrobos e iguanas, tigrillos, gatos de montes; y 24 especies de serpientes, entre éstas boas, cascabel, coral, castellana, y 163 especies de aves, entre otros.
Uno de nuestros objetivos es la educación ambiental. No solamente atendemos turistas, sino que también realizamos charlas ambientales, visitas a las comunidades, a colegios, traemos a los estudiantes para que juntos cuidemos y protejamos estos espacios naturales”, manifestó Reyes.
El bosque seco tropical, adaptado a la piedra volcánica, tiene especies de árboles como el jiñocuabo, sacuanjoche, ceibas, guanacaste y laurel, entre los más comunes. En la actualidad se están restaurando zonas con sardinillo y madero negro.
El Parque Nacional también tiene retos que enfrentar y problemas ambientales que están siempre latentes, como las amenazas de incendios forestales causados por altas temperaturas en época seca, fogatas, colillas de cigarrillos, la extracción de miel, y cacería de iguanas y garrobos. Otro problema que enfrentan los guardaparques y autoridades del parque es la basura, la extracción de materiales forestales y rocas para la construcción de cercas o viviendas.
Las autoridades exaltan que este espacio natural combina la conservación de los recursos naturales con el turismo responsable, lo que permite que las familias conozcan y valoren la riqueza ambiental del país. Con senderos, miradores y una accesibilidad que permite llegar prácticamente hasta el borde del cráter activo, el Parque Nacional Volcán Masaya se posiciona como uno de los destinos naturales más emblemáticos de Nicaragua.