El EPA: llama viva que ilumina a la juventud de hoy
sandinistaRedacción Visión Sandinista
calendar_today 4 de septiembre, 2026
schedule 10 min de lectura
La CNA fue la mayor escuela de formación humana que ha tenido el pueblo
Adolfo Pastrán Arancibia (*)
La educación nicaragüense ha transitado de ser un privilegio de élite y un modelo disperso en el siglo XIX, a convertirse en un pilar estratégico de soberanía, desarrollo social y restitución de derechos bajo el modelo Cristiano, Socialista y Solidario. En este trayecto histórico, la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980 y la integración del Ejército Popular de Alfabetización (EPA) constituyeron el crisol donde se forjó la conciencia social, la mística revolucionaria y el compromiso patriótico de la juventud nicaragüense. Fue la mayor escuela de formación humana que ha tenido nuestro pueblo, pasando de la oscurana a la claridad.
I. Génesis y estancamiento: la Educación como privilegio de élite (1821–1979)
Para comprender la magnitud de la revolución educativa de 1980, es indispensable revisar el devenir histórico de la educación en Nicaragua. Tras la independencia de 1821 y hasta mediados del siglo XIX, el país vivió bajo una acentuada fragilidad por las guerras intestinas y luchas de poder entre las oligarquías liberales y conservadoras.
La enseñanza conservaba esquemas coloniales, administrada principalmente por la jerarquía de la Iglesia Católica, restringida a una educación primaria elemental y a conocimientos técnicos rudimentarios, y una exclusión casi total de las mujeres y los hijos fuera del matrimonio. En este período, el analfabetismo superó el 90% de la población, reservando el estudio únicamente a las familias ricas.
Aunque la Constitución de 1858, bajo los gobiernos conservadores, impulsó el primer Reglamento de Instrucción Pública declarando la enseñanza primaria como un deber de los municipios y del Estado, la falta de financiamiento condenó la iniciativa a un alcance meramente declarativo. Solo las familias oligárquicas podían educar a sus hijos, las grandes mayorías empobrecidas eran excluidas de las aulas y de la ciudadanía misma.
El primer intento real de modernización pública ocurrió durante la Revolución Liberal del General José Santos Zelaya (1893–1909), al decretarse la educación laica, gratuita y obligatoria en la Constitución “La Libérrima” (1893), junto con la fundación de las primeras Escuelas Normales, el Instituto Nacional de Occidente y el Instituto Nacional Central para Varones. Sin embargo, la intervención estadounidense, el retorno de los gobiernos conservadores y el posterior ascenso de la dictadura somocista entre 1936 y 1979, provocaron un grave retroceso histórico.
El somocismo concibió la educación no como un derecho humano, sino como mercancía, significando retroceso y pobreza. Salvo por el hito histórico de la conquista de la Autonomía Universitaria (UNAN) el 27 de marzo de 1958, impulsado por el Dr. Mariano Fiallos Gil y el movimiento estudiantil, el sistema educativo general permaneció estancado.
Para julio de 1979, la herencia del somocismo en materia educativa era desoladora: una tasa nacional de analfabetismo superior al 50,3%, que en las zonas rurales rebasaba el 70–80%; menos del 65% de cobertura en educación primaria, cientos de miles de niños excluidos del aula, y un presupuesto insignificante que no superaba el 2% del PIB, caracterizado por salarios docentes precarios y escuelas rurales multigrado incipientes.
II. La Gran Cruzada Nacional de Alfabetización: Crisol del EPA
Con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, la erradicación del analfabetismo se asumió como el primer gran deber moral y político, cumpliendo la recomendación histórica del fundador del FSLN y héroe nacional, Comandante Carlos Fonseca, así como los lineamientos del Programa Histórico del FSLN. El 23 de marzo de 1980 dio inicio la Cruzada Nacional de Alfabetización, que culminó victoriosamente el 23 de agosto del mismo año.
El corazón de esta epopeya fue el Ejército Popular de Alfabetización (EPA), integrado por más de 95,000 jóvenes estudiantes, maestros y voluntarios que marcharon hacia las montañas, valles y caseríos del territorio nacional. En cinco meses de labor ininterrumpida, el EPA alfabetizó a más de 400,000 nicaragüenses, reduciendo la tasa de analfabetismo del 50,35% al 12,96%. Esta hazaña histórica sin precedentes, fue reconocida mundialmente por la Unesco con la distinción “Nadezhda Krúpskaya” en 1980.
Más allá de los espectaculares indicadores estadísticos, la trascendencia de esta epopeya radicó en la escala de movilización social articulada: estudiantes, maestros, trabajadores, familias, muchachas y muchachos y comunidades enteras se volcaron a la acción. Además, la alfabetización trascendió el idioma español al incorporar paulatinamente programas educativos en lenguas Miskitu, Mayangna y Kriol para las comunidades de la Costa Caribe, logrando un proceso de integración nacional inédito.
La escuela humana y política del EPA
La Cruzada fue la mayor escuela de formación humana, ética y política en la historia de Nicaragua. Para miles de jóvenes urbanos, el contacto directo con la realidad del campo representó un cambio de conciencia transformador.
Intercambio y democratización social: los estudiantes se convirtieron en educadores populares, y en aprendices de la sabiduría y el trabajo campesino. Convivir en la choza, compartir la molienda y la siembra desmanteló prejuicios urbanos y barreras de clase, uniendo al pueblo en una sola causa. Fuimos una sola familia.
Conciencia de clase y disciplina: la vivencia cotidiana de la pobreza y la dignidad del campesino reforzó la mística sandinista y la disciplina del servicio desinteresado, forjando la cantera de cuadros que en los años posteriores asumió las tareas de la defensa de la soberanía nacional, la producción y la construcción del Estado revolucionario.
En el período 1979–1989, la educación dio un salto cualitativo: el presupuesto aumentó hasta picos del 6–7% del PIB, se masificó la educación técnica mediante la creación del Instituto Nacional Tecnológico (Inatec) y se democratizó el acceso a las universidades públicas, aun en medio de los enormes sacrificios impuestos por la guerra de agresión externa.
III. El paréntesis neoliberal (1990–2006): intentos de privatización
El período neoliberal significó un severo retroceso en los derechos conquistados. Bajo el modelo de la llamada “Autonomía Escolar”, se promovió la privatización de facto mediante el cobro de “cuotas voluntarias”, excluyendo a las familias de menos recursos.
Durante estos 16 años, el presupuesto educativo se redujo a un rango del 3–4% del PIB en una economía de bajo crecimiento. La infraestructura escolar sufrió un deterioro sistemático, los salarios docentes cayeron a los niveles más bajos de la región y los programas de alfabetización fueron abandonados, provocando un repunte del analfabetismo. La educación técnica y rural fue desmantelada para responder a lógicas de mercado que mercantilizaban la enseñanza, proliferando universidades de garaje y escuelas privadas desvinculadas del desarrollo productivo nacional.
La eliminación de programas como el “Vaso de Leche Escolar” provocó el abandono de las aulas de miles de niños en situación de pobreza, dejando al campo y a la Costa Caribe en un estado de abandono casi absoluto. Hasta se mandó a los maestros a “buscar otro trabajito extra”, para mejorar sus ingresos y calidad de vida.
La Cruzada fue la mayor scuela de formación humana, ética y política en la historia de Nicaragua.
IV. La restitución de derechos y la transformación de hoy (2007–2026)
Con el retorno del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional en 2007, la educación volvió a constituirse en un pilar estratégico de soberanía y desarrollo humano. El primer decreto emitido por el Presidente de la República, Comandante Daniel Ortega Saavedra, restableció la gratuidad y calidad de la educación pública en todos los niveles.
A través del Plan Nacional de Desarrollo Humano y Lucha contra la Pobreza, se le dio prioridad a la inversión educativa integral, incorporando plenamente a las zonas rurales y a las Regiones Autónomas del Caribe:
Gratuidad y cobertura universal: eliminación inmediata de cobros e implementación de programas emblemáticos como la Merienda Escolar, entrega de paquetes escolares e infraestructura digna, sumado al fortalecimiento y expansión del Inatec.
Revolución educativa en el campo: creación y consolidación de la Universidad en el Campo (Unicam), que acercó la educación superior técnica y profesional a las comunidades rurales más remotas, estableciendo un hito histórico.
“Aquella juventud que en 1980 cargó el lápiz y la cartilla por montañas y valles es la misma que hoy defiende la tranquilidad y el desarrollo del país.”
-Democratización de la educación superior: junto a la Unicam, el período 2007–2026 registró una ampliación sostenida de la matrícula en las universidades públicas, manteniendo la ratuidad como principio irrenunciable. Particular relevancia tiene la consolidación de la oferta universitaria en las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Norte y Sur, donde por primera vez miles de jóvenes miskitu, mayangna, kriol y mestizos accedieron a carreras técnicas y profesionales sin tener que emigrar hacia el Pacífico del país, cerrando una brecha histórica de exclusión territorial y étnica.
Sostenibilidad presupuestaria: incremento continuo de la inversión educativa en torno al 4% del PIB dentro de una economía con crecimiento sostenido, orientando fondos a la dignificación salarial, la formación continua y el equipamiento tecnológico.
Liderazgo e inclusión de género: posicionamiento de Nicaragua como referente en equidad de género, garantizando el protagonismo de las mujeres en la docencia, la educación técnica y universitaria.
Nueva Estrategia Nacional: implementación de la Estrategia Nacional de Educación en todas sus modalidades “Bendiciones y Victorias”, articulada en 16 ejes rectores que abarcan desde la educación inicial hasta la educación superior. Asimismo, se erradicó el empirismo docente, alcanzando la profesionalización del 100% del magisterio nacional.
V. La herencia viva del EPA en la juventud actual
El legado del Ejército Popular de Alfabetización no pertenece únicamente al recuerdo; es una llama viva que ilumina la práctica de la juventud militante en la Nicaragua de hoy. La Cruzada demostró que cuando la juventud se moviliza con mística, disciplina y amor a la patria, guiada por su vanguardia política, es capaz de transformar la realidad estructural de la nación.
Esa misma mística es la que hereda la juventud nicaragüense actual, llamada a asumir los nuevos retos de la Revolución: la excelencia educativa, la innovación tecnológica, la soberanía productiva y la defensa firme de la paz.
Los alfabetizadores de ayer son los apóstoles y promotores de la paz de hoy. Aquella juventud que en 1980 cargó el lápiz y la cartilla por montañas y valles, es la misma que hoy defiende la tranquilidad y el desarrollo del país. Quien aprendió a servir al pueblo en la choza campesina, aprendió también a defender la soberanía y a repudiar la injerencia extranjera, lección histórica que se transmite intacta a las nuevas generaciones.
Todos estos logros y avances de la educación nicaragüense —la gratuidad universal, la Universidad en el Campo, la dignificación docente, la inclusión de género y la formación patriótica de los jóvenes— son fruto directo de la visión estratégica y la voluntad política de los Copresidentes de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega Saavedra y Compañera Rosario Murillo. Bajo su liderazgo, la educación dejó de ser un privilegio de pocos para consolidarse como un derecho restituido para todos.
Y es esa restitución la que hoy sostiene la certeza de que solo con un pueblo educado y consciente se construye y defiende la Patria libre, próspera y solidaria que soñaron el General Augusto C. Sandino y el Comandante Carlos Fonseca.