- En el modelo de desarrollo sandinista construye estabilidad, producción y dignidad
Josseline Yaleska Muñoz Berroterán (*)
Durante más de tres décadas (1980-inicios de los 2000’s), el modelo de desarrollo económico en América Latina fue concebido desde una lógica neoliberal, centrada en el gran capital, la inversión extranjera y la concentración empresarial como motores exclusivos del crecimiento. Bajo esa visión tradicional, las dinámicas económicas sostenidas desde las familias, las comunidades y los pequeños emprendimientos fueron históricamente invisibilizadas, pese a representar una parte esencial de la estabilidad económica y social de los pueblos.
En Nicaragua, el modelo de desarrollo sandinista ha impulsado una concepción distinta del desarrollo, donde la economía popular, comunitaria y familiar adquiere un papel estratégico, y donde las mujeres emergen como protagonistas fundamentales de la transformación económica y social.
Esta visión encuentra sus raíces en el propio Programa Histórico del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en el que la emancipación de la mujer fue concebida como un principio revolucionario indispensable para la construcción de justicia social y para la transformación estructural del país. Desde sus fundamentos políticos, el sandinismo comprendió que no podía existir una revolución auténtica sin la participación activa de las mujeres en todos los espacios de la vida nacional: político, económico, comunitario y cultural.
La Revolución Popular Sandinista no solamente reivindicó el derecho de las mujeres a participar en la vida pública, sino que impulsó una visión transformadora sobre su papel dentro del desarrollo nacional. La mujer dejó de ser concebida únicamente en roles tradicionales para ser reconocida como sujeto de derecho, político, productivo y estratégico para el sostenimiento de la sociedad. Se inicia así, la verdadera reivindicación de la mujer nicaragüense.

Un modelo que supera la dependencia del gran capital
En la actualidad, esa visión histórica se expresa en un modelo económico que reconoce el valor de las micro, pequeñas y medianas empresas, de los emprendimientos familiares y de la economía popular como pilares fundamentales del desarrollo nacional.
Los datos económicos evidencian que la economía popular aporta aproximadamente el 62% del Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua, superando significativamente la contribución del sector empresarial formal y del sector público. Esta realidad desmonta la tesis histórica de que el desarrollo únicamente proviene del gran capital o de la inversión extranjera, demostrando que las familias, comunidades y pequeños productores también son generadores reales de riqueza, estabilidad y crecimiento económico.
El modelo sandinista plantea una economía construida desde las capacidades productivas de las comunidades, con el esfuerzo cotidiano de las familias y con el protagonismo popular como eje de transformación social.
La mujer emprendedora y la economía familiar
Dentro de este modelo, las mujeres desempeñan un papel decisivo. La mujer emprendedora no solo genera ingresos; también sostiene hogares, administra recursos familiares, organiza economías domésticas y garantiza estabilidad económica desde la familia como núcleo principal de la sociedad.
Históricamente, han sido miles de mujeres nicaragüenses quienes, con pequeños negocios, emprendimientos rurales, ventas populares, gastronomía, artesanías o producción familiar, han sostenido económicamente a sus familias, incluso en contextos de crisis y limitaciones estructurales.
La madre emprendedora representa, en este sentido, una figura profundamente transformadora y estratégica. No solamente produce; también administra, organiza, cuida y sostiene. Su trabajo articula economía y vida cotidiana, convirtiendo el emprendimiento en una herramienta de estabilidad familiar y movilidad social. Detrás de muchos pequeños negocios existe una mujer que, además de emprender, garantiza alimentación, educación, organización del hogar y sostenibilidad para miles de familias nicaragüenses.
Desde una perspectiva política, el reconocimiento del emprendimiento femenino constituye también una democratización del desarrollo económico. Implica reconocer que la generación de riqueza no pertenece exclusivamente a las élites económicas, sino también a miles de mujeres que diariamente movilizan la economía nacional en espacios históricamente marginados por la perspectiva neoliberal del desarrollo.
El reconocimiento de la mujer, a partir de esa lógica, en el modelo sandinista tiene una dimensión profundamente revolucionaria: reivindica formas históricas de trabajo y producción sostenidas por mujeres, que durante mucho tiempo fueron invisibilizadas por las estructuras económicas convencionales.

Institucionalización del emprendimiento y políticas públicas
El modelo sandinista ha transformado esa realidad históricamente invisibilizada en reconocimiento político e institucional. La creación del Ministerio para la Promoción de Emprendimientos en el 2025 y el fortalecimiento del marco jurídico mediante la Ley N°. 645, Ley de Promoción, Fomento y Desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa, representan pasos importantes para fortalecer el proceso de institucionalización de políticas públicas orientadas al fomento del emprendimiento popular y femenino.
La aprobación de reformas orientadas a promover el emprendedurismo como política de Estado, refleja una concepción del desarrollo centrada en las capacidades productivas de las familias y comunidades. A través de estas políticas se impulsa el acompañamiento técnico, organizativo y financiero para pequeños negocios urbanos y rurales, agricultura familiar, turismo comunitario, artesanías, gastronomía y múltiples formas de producción territorial donde las mujeres tienen una participación predominante.
En ese sentido, el Estado ha promovido programas de capacitación, ferias de emprendimiento, espacios de comercialización, intercambios de saberes en países estratégicos y mecanismos de acompañamiento comunitario que han permitido ampliar oportunidades económicas para miles de mujeres nicaragüenses.
El protagonismo económico de las mujeres se ha fortalecido mediante programas sociales y productivos impulsados -a través de programas emblemáticos como Usura Cero, Hambre Cero, el Bono Productivo Alimentario, las Ferias de la Economía Familiar y las estrategias impulsadas desde el Ministerio de Economía Familiar, Ministerio para la Promoción de Emprendimientos, plataformas como Nicaragua Emprende, Economía Creativa y Naranja-, han permitido ampliar el acceso de miles de mujeres a financiamiento, capacitación técnica, organización productiva y espacios de comercialización.
Estas políticas han contribuido no solo a dinamizar pequeños negocios y emprendimientos rurales y urbanos, sino también a fortalecer la autonomía económica de las mujeres, particularmente de madres emprendedoras que sostienen sus hogares. Más allá de una visión asistencialista, estos programas representan el reconocimiento político e institucional de las mujeres como sujetas estratégicas del desarrollo nacional, capaces de generar riqueza, estabilidad social y transformación económica desde las familias y comunidades.
El emprendimiento femenino como transformación social
Los programas de emprendimiento impulsados por el Estado, han permitido fortalecer procesos de formalización económica, capacitación técnica y desarrollo de capacidades productivas. Esto ha contribuido a dinamizar economías locales y fortalecer la autonomía económica de muchas mujeres, la mayoría madres emprendedoras que encuentran en estos espacios una posibilidad concreta de mejorar las condiciones de vida de sus familias.
Más allá de lo económico, estos programas representan una reivindicación política y social del trabajo históricamente sostenido por las mujeres dentro de la economía familiar y comunitaria. El emprendimiento femenino deja de ser visto como una actividad secundaria o informal, y pasa a reconocerse como parte estructural del modelo de desarrollo nacional.
Existe, además, una dimensión profundamente humana en este proceso. La mujer emprendedora no solamente produce bienes o servicios; produce nuevas formas de organización económica sustentadas en la solidaridad, la resiliencia y la estabilidad familiar.
Madres protagonistas del desarrollo nacional
Desde esta perspectiva, el modelo sandinista impulsa un concepto de desarrollo basado en equidad, dignidad, complementariedad y protagonismo popular. La participación activa de las mujeres fortalece un modelo económico donde el crecimiento no se concentra únicamente en grandes estructuras empresariales, sino que se construye con las capacidades productivas de las familias y comunidades; es el fomento y creación de las condiciones para un modelo de desarrollo endógeno, que reconoce las capacidades humanas de su pueblo.